Google está ayudando a construir un cable submarino de más de 14.000 kilómetros entre Chile y Australia.
El proyecto se llama Humboldt y, cuando entre en operación, creará la primera conexión submarina directa entre Sudamérica y Asia-Pacífico.
El proyecto es interesante por su tamaño, pero hay una pregunta bastante más importante detrás: ¿por qué Google está construyendo infraestructura que históricamente asociábamos a las empresas de telecomunicaciones?
La respuesta ayuda a entender una transformación que está ocurriendo silenciosamente en Internet.
Internet necesita nuevas rutas
Durante las últimas dos décadas, la cantidad de información que movemos por Internet creció enormemente. Primero llegaron el video y el streaming. Después el cloud trasladó una parte importante de los sistemas de las empresas hacia grandes centros de datos. Ahora la inteligencia artificial está agregando otra capa de demanda.
Las redes tienen que crecer con ese tráfico.
Podemos imaginar una ruta que cada año recibe más vehículos. Podemos ampliar sus pistas y hacerla más eficiente, pero eventualmente necesitaremos nuevos caminos.
Con Internet ocurre algo parecido. Si cada año necesitamos transportar más información entre Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Asia, no basta con mejorar las rutas existentes. También necesitamos nuevas conexiones.
Y tener más caminos entrega otro beneficio: alternativas. Si una ruta tiene problemas, el tráfico puede desviarse por otra.
Humboldt hace precisamente eso a una escala continental: agrega capacidad y abre un nuevo camino directo entre Sudamérica y Asia-Pacífico.
Pero hay otra razón por la que estas rutas se están volviendo especialmente importantes.
Los hyperscalers necesitan cada vez más infraestructura
Google, Amazon y Microsoft pertenecen a una categoría que escuchamos cada vez más en tecnología: los hyperscalers.
Son compañías que operan infraestructura tecnológica a una escala gigantesca. Sus data centers ejecutan desde sistemas empresariales y plataformas de streaming hasta servicios cloud y modelos de inteligencia artificial utilizados por millones de personas.
Y mientras más crecen, más necesitan controlar cómo se mueve la información entre esos centros de datos y sus usuarios.
Por eso Google participa directamente en cables submarinos. Microsoft y Amazon invierten miles de millones en data centers y redes. Meta también participa en grandes sistemas submarinos internacionales.
No significa que Google quiera transformarse en una telco y vendernos Internet en la casa. Quiere algo bastante más estratégico para su negocio: capacidad, rutas y mayor control sobre la infraestructura de la que dependen sus servicios.
La inteligencia artificial está acelerando todavía más esa necesidad.
Los chips reciben gran parte de la atención, pero miles de GPUs trabajando juntas también necesitan comunicarse entre ellas y conectarse con otros data centers y millones de usuarios.
Por eso incluso empresas como Cisco están viendo miles de millones de dólares en nuevos pedidos relacionados con infraestructura para IA.
La fiebre de la inteligencia artificial no está generando solamente una carrera por conseguir mejores chips. También hay que conectar todo lo que estamos construyendo.
Las telcos no quieren limitarse a transportar el tráfico
Aquí aparece una situación interesante.
Nunca hemos utilizado tanto las redes de telecomunicaciones. Sin embargo, eso no significa que las telcos sean quienes capturan la mayor parte del crecimiento económico que ocurre sobre ellas.
Una familia puede pagar prácticamente lo mismo por su conexión mientras cada año consume más Netflix, YouTube, TikTok, cloud, videojuegos e inteligencia artificial.
El operador tiene que ampliar y modernizar la red para soportar ese crecimiento, pero gran parte del nuevo valor termina en las plataformas que funcionan sobre ella.
Por eso varios operadores están intentando moverse hacia otras partes del negocio.
Liberty Latin America es un buen ejemplo.
Además de sus operaciones tradicionales de Internet, televisión y telefonía, Liberty Networks opera una extensa infraestructura de fibra terrestre y submarina en la región.
Eso le permite participar en otro mercado.
Un banco necesita conectar sus data centers. Un operador local puede necesitar capacidad internacional. Una multinacional necesita comunicar operaciones entre varios países. Google, AWS o Microsoft necesitan transportar enormes cantidades de información entre distintos puntos de sus redes.
Todos ellos necesitan conectividad. Y alguien puede cobrar por proporcionarla.
Para Liberty, tener fibra regional y participar en cables submarinos significa que parte de todo ese crecimiento de datos puede convertirse directamente en negocio, en vez de simplemente pasar por sus redes.
Millicom, a través de Tigo Business, está siguiendo otra versión de la misma estrategia. Además de conectividad, ha desarrollado data centers y servicios de cloud, colocation, seguridad y continuidad operacional para empresas.
La lógica vuelve a ser parecida: si una compañía ya tiene fibra, clientes empresariales, redes regionales y capacidad técnica, ¿por qué limitarse a vender conectividad?
América Móvil y Claro tienen otra ventaja: escala. Operan redes móviles y fijas en gran parte de Latinoamérica y continúan invirtiendo en fibra, modernización de red y 5G. Esa presencia regional les permite ofrecer conectividad y soluciones tecnológicas a empresas que operan en varios países.
Son estrategias distintas, pero apuntan hacia el mismo problema: las telcos no quieren convertirse simplemente en la tubería por donde pasa el crecimiento de Google, Amazon, Microsoft o la inteligencia artificial.
Quieren capturar una parte mayor de ese valor.
Y Chile quiere convertirse en uno de los lugares donde todo se conecta
Aquí la historia vuelve a Humboldt.
Chile no está participando solamente como el lugar donde aterrizará el cable. El Estado chileno y Google crearon Humboldt Connect, una empresa destinada a comercializar capacidad de esta nueva infraestructura.
La ambición es mayor: posicionar al país como un nodo digital relevante para Latinoamérica.
Si Chile tiene buenas conexiones hacia Norteamérica, otros países de Sudamérica y ahora Asia-Pacífico, además de data centers, infraestructura cloud y energía disponible, se vuelve más atractivo instalar nueva capacidad tecnológica en el país.
Un cable por sí solo genera cierto valor. Pero si alrededor aparecen data centers, proveedores cloud, nuevas redes, especialistas y empresas tecnológicas, empieza a formarse un ecosistema.
Es parecido a lo que ocurre alrededor de un buen puerto. El negocio no está solamente en los barcos que llegan. Aparecen transporte, almacenamiento, logística, servicios y empleos alrededor de esa infraestructura.
Chile podría intentar algo parecido con los datos.
Para una persona común probablemente Humboldt no significará abrir Instagram y descubrir que ahora funciona el doble de rápido. El impacto puede ser bastante más estructural: inversión, empleos especializados, mejores conexiones internacionales, mayor resiliencia y nuevas industrias digitales operando desde Chile.
La oportunidad también tiene un costo
Hay algo fácil de olvidar cuando hablamos de cloud e inteligencia artificial: todo esto sigue siendo extremadamente físico.
Los data centers necesitan terreno, refrigeración y grandes cantidades de electricidad. Chile tiene una ventaja importante por su capacidad solar y eólica, pero generar energía no significa necesariamente poder llevarla al lugar donde se necesita. Transmisión y capacidad eléctrica también pueden convertirse en cuellos de botella.
Existe además un impacto ambiental. Google ya enfrentó cuestionamientos en Chile por el consumo de agua asociado al diseño original de su data center en Cerrillos y terminó replanteando el proyecto.
La conclusión no debería ser que los data centers son malos. Tampoco que cualquier inversión tecnológica es automáticamente buena. Importa qué energía utilizan, qué recursos consumen y cuánto valor dejan realmente en el país.
Y si Chile se vuelve más importante para la conectividad regional, también aumenta la responsabilidad de proteger esa infraestructura. Un cable puede dañarse, un data center puede perder energía y una red puede sufrir un ataque. Tener rutas alternativas y sistemas de respaldo será tan importante como seguir construyendo capacidad.
También existe una dimensión geopolítica inevitable. Cables, cloud, semiconductores y telecomunicaciones ya son considerados activos estratégicos por las grandes potencias. Para Chile y Latinoamérica, la discusión será cada vez más sobre cómo aprovechar esas inversiones sin terminar dependiendo excesivamente de un único proveedor, país o ruta.
El valor no está solamente en el cable
Durante años miramos principalmente las empresas que construían cosas sobre Internet. Google creó el buscador, Netflix cambió la televisión, Amazon transformó el cloud y ahora varias compañías compiten por liderar la inteligencia artificial.
Pero debajo de todo eso hay que construir muchísimo más Internet.
Google quiere controlar mejor la infraestructura necesaria para sus servicios. Las telcos quieren capturar una mayor parte del valor que circula por sus redes. Y Chile quiere que una parte de esa infraestructura se conecte y opere desde el país.
Ahí está, para mí, la oportunidad más interesante para Latinoamérica.
No necesitamos pensar que por tener un nuevo cable submarino nos convertiremos automáticamente en una potencia tecnológica. La infraestructura por sí sola no garantiza nada.
El verdadero desafío es otro: qué somos capaces de construir alrededor de ella.
Si Humboldt ayuda a atraer data centers, empresas, talento, nuevas conexiones, servicios tecnológicos y conocimiento, el valor para Chile será mucho mayor que los datos que circulen por el cable.
Durante mucho tiempo Latinoamérica ha sido principalmente consumidora de las grandes plataformas digitales construidas en otras partes del mundo.
Esta nueva carrera abre una posibilidad diferente: participar también en la infraestructura sobre la que funcionará la próxima etapa de Internet.
Y quizás esa sea la parte más interesante de Humboldt.
No solamente hacia dónde llega el cable.
Sino qué podemos construir nosotros cuando llegue.
Lecturas relacionadas:
- El trabajo invisible que mantiene Internet funcionando
- La crisis silenciosa de las telecomunicaciones
- Millicom aterrizó en Chile
✍️ Claudio from ViaMind
“Atrévete a imaginar, crear y transformar.”