Hace aproximadamente un año y medio comencé a construir NeuraPRO.
La idea parecía bastante lógica: crear una plataforma que ayudara a pequeñas empresas a gestionar inventario, producción, ventas y operación diaria de una forma más ordenada. Durante años había visto negocios funcionando con planillas, cuadernos, mensajes de WhatsApp y mucha información almacenada únicamente en la experiencia de las personas. Pensé que podía ayudar a resolver parte de ese problema.
Como ingeniero y project manager, abordé el desafío de la forma que mejor conocía: construyendo. Durante meses trabajé en la arquitectura, preparé ambientes de desarrollo, preproducción y producción, configuré dominios, integré pagos, mejoré la experiencia móvil y rediseñé la interfaz varias veces. También construí un portal de usuarios separado de la aplicación principal, simplifiqué el acceso para evitar múltiples inicios de sesión y dediqué mucho tiempo a detalles que probablemente ningún usuario notaría de forma consciente, pero que para mí eran importantes.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que gran parte de mi energía estaba enfocada en asegurarme de que el producto estuviera listo para crecer cuando llegara el momento. Y técnicamente lo estaba.
La aplicación no solo funcionaba. Funciona. NeuraPRO sigue vivo, la plataforma sigue operativa, sigue evolucionando y todavía tiene una línea muy clara para agricultura y negocios que necesitan ordenar inventario, producción y ventas. Después de más de un año de trabajo sentía que había construido una base sólida sobre la cual podía seguir desarrollando nuevas funcionalidades.
Entonces llegó el momento de lanzarla.
El lanzamiento
Mi estrategia inicial fue relativamente simple. Comencé con campañas en Meta Ads utilizando presupuestos pequeños pero constantes. La idea era validar si existía interés real por parte del mercado: las personas veían los anuncios, hacían clic y llegaban al sitio web de NeuraPRO.
Además, ofrecía tres meses gratuitos de uso. Sin tarjeta de crédito, sin compromisos y sin riesgo. Mi razonamiento parecía lógico: si el problema existía y la solución era útil, las personas comenzarían a utilizarla.
Al menos esa era la teoría.
Lo que mostraron los datos
Los clics llegaron. Las visitas llegaron. Las personas efectivamente entraban al sitio. Pero al analizar el comportamiento aparecía siempre el mismo patrón: entraban, exploraban un poco y se iban.
Al principio pensé que era un problema técnico. Quizás la página era lenta, quizás el proceso de registro era demasiado largo, quizás la experiencia móvil podía mejorar o quizás faltaba alguna funcionalidad importante. Entonces hice lo que hacemos muchos ingenieros cuando algo no funciona: analizar, medir, optimizar, cambiar, volver a medir y repetir.
En paralelo, aprendí algo que no estaba en mi zona cómoda: intentar vender el producto. Estuve creando carruseles para Meta Ads, probando distintos mensajes, ajustando textos, revisando qué imágenes llamaban más la atención y entendiendo poco a poco cómo cambia el comportamiento de las personas dependiendo de una frase, una promesa o una primera impresión.
También pedí videos e imágenes a personas externas, probé formatos distintos y fui entendiendo que comunicar un producto es casi otro producto en sí mismo. No basta con tener una aplicación que funciona. Hay que explicar en segundos por qué debería importarle a alguien.
Me tocó aprender cómo administrar campañas, cómo mirar las visitas al landing, cómo interpretar señales pequeñas y cómo mejorar la página para que la persona que llega entienda más rápido qué problema resuelve NeuraPRO. Incluso construí dashboards dentro del portal para observar mejor esos datos: cuántas personas llegaban, desde dónde venían, qué hacían, dónde se detenían y qué podía aprender de ese comportamiento.
Eso abrió otro mundo. Marketing, datos, producto y comportamiento humano empezaron a mezclarse. Y aunque todavía estoy lejos de tener todas las respuestas, hoy entiendo mucho mejor que lanzar un producto no es simplemente ponerlo en línea. Es construir un sistema completo alrededor de atención, confianza, mensaje, timing y aprendizaje continuo.
Por eso sigo explorando este camino. Sigo pensando en nuevas estrategias de marketing, sigo ajustando el landing, sigo observando qué capta la atención de los clientes y qué no. Probablemente en algún momento haga un segundo lanzamiento, más preparado, con mejores materiales, mejores datos y una historia más clara.
Porque la primera vez hice muchas cosas sobre la marcha. Y eso también fue parte del aprendizaje.
Pero mientras más observaba los datos, más evidente se volvía una posibilidad incómoda.
El problema probablemente no estaba en el software.
La lección que más me costó aceptar
Creo que cometí un error bastante común entre quienes construimos productos tecnológicos: asumí que el principal problema de mis potenciales clientes era la falta de una herramienta.
Hoy creo que estaba viendo la situación desde la perspectiva equivocada. Muchas personas no están buscando activamente un nuevo software. No pasan tiempo comparando plataformas SaaS, evaluando funcionalidades o investigando procesos de transformación digital. Están concentradas en sacar adelante su negocio, atender clientes, resolver problemas operativos y llegar al final del día.
Y cambiar la forma en que alguien trabaja es muchísimo más difícil que desarrollar una aplicación.
Esa fue probablemente la lección más importante de todo este proceso. Yo veía una oportunidad evidente de mejora. Pero para muchos potenciales usuarios, el problema simplemente no tenía el mismo nivel de urgencia que tenía para mí.
Y esa diferencia cambia todo.
El segundo intento
Como segunda estrategia decidí apoyarme en algo más cercano: mi propia red de contactos. Comencé a conversar con amigos, conocidos y personas relacionadas con distintas industrias. Pensé que quizás el problema no era el producto, sino la confianza. Tal vez una recomendación directa o una incorporación más personalizada podía generar una adopción diferente.
Conseguí más registros, más conversaciones y más interés inicial. Pero el resultado final fue bastante parecido. Algunas personas probaban la plataforma. Otras incluso completaban el proceso de incorporación. Sin embargo, después de un tiempo dejaban de utilizarla.
La pregunta seguía siendo la misma: ¿por qué?
La verdad es que todavía no tengo una respuesta definitiva. Y creo que parte del aprendizaje es aceptar que algunas respuestas requieren más tiempo del que uno quisiera.
NeuraPRO sigue aquí
Algo importante que quiero aclarar es que NeuraPRO no está muerto. No fue abandonado. No es un proyecto olvidado en un repositorio.
La plataforma sigue funcionando, la infraestructura sigue operativa y el roadmap continúa avanzando. También sigue abierta la línea agrícola, que fue parte importante del origen de NeuraPRO. Todavía veo valor en ese mundo: productores, distribuidores, bodegas, stock, ventas y procesos que muchas veces siguen funcionando con información dispersa.
Lo que cambió fue mi enfoque. Hoy dedico menos energía a agregar funcionalidades y más energía a entender problemas. Menos tiempo construyendo y más tiempo observando. Menos tiempo programando y más tiempo conversando con personas que realmente viven el problema que intento resolver.
Porque después de este proceso entendí algo importante: agregar funcionalidades es relativamente fácil. Entender profundamente una industria es mucho más difícil.
De una solución multiindustria a entender una industria
Cuando comencé NeuraPRO imaginé una plataforma capaz de adaptarse a múltiples tipos de negocio. Y técnicamente sigue siendo así.
Sin embargo, durante los últimos meses he comenzado a trabajar junto a un amigo que administra varias panaderías en Chile y esa experiencia ha sido completamente distinta. Por primera vez siento que estoy dedicando más tiempo a entender el negocio que a construir software.
Nuestras conversaciones ya no giran alrededor de pantallas, reportes o bases de datos. Hablamos sobre desperdicio de materias primas, control de producción, costos, márgenes, errores operativos, procesos diarios y problemas reales.
He tenido muchas conversaciones intentando entender dónde pierde tiempo, dónde pierde dinero y qué cosas realmente le generan dolor en su operación diaria. Y mientras más profundizamos, más evidente se vuelve algo que probablemente debería haber entendido desde el principio.
Las mejores soluciones nacen cuando uno comprende profundamente el problema antes de comenzar a construir.
Lo interesante es que gran parte del trabajo difícil ya está hecho. La plataforma existe, la arquitectura existe y el backlog principal existe. Hoy gran parte del esfuerzo consiste en adaptar, simplificar y ajustar lo construido para una industria específica.
Y esa diferencia es enorme.
Lo que la IA cambió en este camino
Hay otro motivo por el cual sigo construyendo. Y probablemente nunca fue solamente el dinero.
Por supuesto que me gustaría crear algo exitoso. A cualquier emprendedor le gustaría. Pero también existe otra motivación: entender cómo trabajar en un mundo donde la inteligencia artificial está cambiando la forma en que creamos, aprendemos y resolvemos problemas.
Durante estos años descubrí que mi forma de trabajar se adapta bastante bien a este nuevo paradigma. Me siento cómodo trabajando con objetivos claros, acciones concretas, tareas pequeñas y resultados medibles. La IA no reemplazó esa forma de trabajar. Lo que hizo fue acelerarla.
Por eso también he comenzado a construir herramientas para mí mismo, herramientas diseñadas para resolver problemas que enfrento todos los días en mi trabajo. Después de todo, quién mejor que uno mismo para identificar las fricciones que experimenta a diario.
Y quizás esa ha sido una de las lecciones más interesantes de todo este viaje: hoy es posible construir soluciones extremadamente personalizadas para problemas muy específicos, algo que hace apenas unos años habría sido mucho más difícil.
Algo que no esperaba
Curiosamente, mientras trabajaba en NeuraPRO, muchas personas comenzaron a contactarme. Algunas eran amigos. Otras no. La mayoría llegaba con una idea parecida:
“Tengo este problema en mi negocio.”
“¿Crees que esto se podría automatizar?”
“¿Se podría construir una herramienta para resolver esto?”
No siempre terminaba en un proyecto. Pero sí me dejó una conclusión interesante: los problemas existen, las oportunidades existen y las ideas existen.
Lo difícil no es construir.
Lo difícil es elegir correctamente qué problema vale la pena resolver.
Reflexión final
Si alguien me preguntara hoy cuál fue el principal aprendizaje de estos últimos dieciocho meses, probablemente respondería algo muy distinto a lo que habría dicho cuando comencé.
No fue una lección técnica. No fue una lección sobre arquitectura. No fue una lección sobre inteligencia artificial.
Fue una lección sobre personas.
Aprendí que un buen producto no garantiza adopción. Aprendí que una buena arquitectura no garantiza clientes. Aprendí que tener más funcionalidades no necesariamente genera más valor. Y aprendí que entender profundamente el problema suele ser mucho más importante que desarrollar rápidamente la solución.
NeuraPRO sigue aquí. El roadmap sigue aquí. Las ideas siguen aquí. Y probablemente seguiré construyendo durante mucho tiempo más.
Solo que ahora intento hacerlo en un orden diferente.
Primero entender el problema.
Después construir la solución.
Para seguir la historia de NeuraPRO: el origen, la base tecnica y el camino antes del MVP.
✍️ Claudio from ViaMind
“Atrévete a imaginar, crear y transformar.”