Durante años, mejorar Internet era relativamente fácil de explicar: más velocidad, más capacidad, mejor Wi-Fi, nuevos módems, fibra y nuevas plataformas de televisión.
Cuando empecé a trabajar en telecomunicaciones, pasar de 10 a 100 Mbps realmente cambiaba la experiencia de una familia. Trabajé después en proyectos de nuevos módems, set-top boxes, plataformas de video y evolución de redes donde la mejora tecnológica era también bastante fácil de transformar en valor para el cliente.
Hoy seguimos construyendo redes mejores. Pero hay un problema. Para la mayoría de los hogares, pasar de 500 Mbps a 1 Gbps probablemente no cambia demasiado su vida. Pasar después a 2 Gbps, todavía menos.
Eso no significa que las telcos puedan dejar de invertir. Todo lo contrario. El tráfico sigue creciendo y las redes necesitan más capacidad, fibra, espectro, resiliencia y tecnología. El problema es otro: cada vez es más difícil cobrar mucho más simplemente por entregar más velocidad.
Entonces, ¿qué vendes después? Creo que ahí está una de las preguntas más interesantes que tiene hoy la industria.
Quizás estamos mirando el activo equivocado
Una telco no tiene solamente una conexión a Internet. Tiene fibra, backbone, espectro, antenas, data centers, central offices, infraestructura distribuida, equipos dentro de millones de hogares e interconexiones con prácticamente todos los grandes proveedores de contenido y cloud.
Además, está en una posición bastante particular: está entre el usuario y gran parte de los servicios digitales que utiliza. Puede autenticar dispositivos, conoce las condiciones de su red, puede acercar contenido, conectar directamente empresas con cloud y, en móvil, ofrecer información de red para combatir fraude. Con tecnologías como slicing, incluso puede garantizar determinadas características de conectividad.
Entonces quizás la pregunta no sea cómo vender otro gigabit. Quizás sea: ¿qué más puede vender una telco utilizando la infraestructura que ya construyó? Y algunas respuestas ya están apareciendo.
Venderle algo más que conectividad a las empresas
Esta es probablemente la oportunidad menos futurista y una de las más reales: cloud, cybersecurity, IoT, private networks, data centers, managed services y conexiones directas hacia AWS, Azure o Google Cloud.
Vodafone Business, por ejemplo, ya obtiene una parte relevante de sus ingresos de servicios digitales. En Latinoamérica ocurre algo similar. Claro ofrece infraestructura cloud y conexiones empresariales directas. Tigo lleva años expandiendo su negocio B2B. Y Liberty Latin America tiene un negocio particularmente interesante: Liberty Networks.
En 2025, Liberty Networks generó aproximadamente US$471 millones en ingresos vendiendo servicios enterprise y wholesale sobre su infraestructura terrestre y submarina.
Eso demuestra algo importante. Una telco no necesita inventar el próximo Netflix para crear un nuevo negocio. Puede encontrar nuevas formas de monetizar la red que ya tiene.
También puede venderle la red a las aplicaciones
Aquí aparece Open Gateway. Claro, Entel y Telefónica ya están trabajando con estas capacidades en Chile. Una de ellas es SIM Swap.
Imaginemos que alguien intenta transferir varios millones de pesos desde una cuenta bancaria. Antes de autorizar la operación, el banco podría consultar directamente a la red móvil si la SIM asociada a ese número fue cambiada recientemente. Eso vale dinero porque puede evitar fraude. También existen APIs para verificar números, dispositivos o ubicación.
No suena tan espectacular como hablar de 6G o ciudades inteligentes, pero probablemente ahí está la lección. Las primeras capacidades de red que están encontrando clientes son aquellas que solucionan problemas concretos. Después vienen ideas más ambiciosas como Quality on Demand o network slicing. Y aquí Chile ofrece un ejemplo fácil de entender, aunque el problema no es solo chileno.
¿Qué vale una conexión cuando ocurre un terremoto?
En condiciones normales, que un video tarde algunos segundos más en cargar probablemente no importa demasiado. Durante una emergencia, la situación cambia completamente.
Chile tiene terremotos, incendios, inundaciones y otras situaciones donde miles de personas intentan utilizar simultáneamente las redes precisamente cuando Bomberos, ambulancias, hospitales, Carabineros o Senapred también las necesitan. Algo parecido ocurre en gran parte de Latinoamérica: huracanes en el Caribe y Centroamérica, inundaciones en Brasil, tormentas, incendios o crisis de infraestructura crítica en distintos países. En todos esos casos la red se satura justo cuando más se necesita.
Chile ya ha avanzado en regulación e infraestructura especial para comunicaciones de emergencia. Pero tecnologías como network slicing abren una posibilidad todavía más interesante: crear partes lógicas de una red 5G con características específicas para determinados servicios. Eso permitiría, por ejemplo, garantizar determinadas condiciones de conectividad para servicios críticos incluso cuando la red esté bajo mucha presión.
Y no tiene por qué quedarse en un solo país. Un operador regional —o varios trabajando juntos— podría ofrecer esas capacidades en Panamá, Brasil, Chile o donde opere, e incluso plantear escenarios multi-país cuando la emergencia o la operación crítica cruza fronteras.
¿Quién paga? ¿El gobierno? ¿Los hospitales? ¿Las empresas de infraestructura crítica? ¿Se convierte simplemente en una obligación regulatoria? Todavía hay preguntas. Pero al menos aquí slicing deja de ser una demo tecnológica y empieza a resolver un problema que cualquiera que haya vivido un terremoto en Chile —o una emergencia similar en otra parte de la región— puede entender.
Del CDN a acercar también el procesamiento
Esta parte me interesa especialmente porque durante años he trabajado alrededor de plataformas de video y CDN. Los CDN parten de una idea bastante sencilla: si millones de usuarios quieren ver el mismo contenido, no tiene sentido traerlo constantemente desde miles de kilómetros de distancia. Lo acercas.
Netflix, Google y otros proveedores llevan años colocando caches dentro o cerca de las redes de los operadores. El año pasado en IBC vi incluso una solución donde dispositivos de los propios usuarios podían almacenar pequeños segmentos de video y compartirlos con otros peers. La idea me quedó dando vueltas.
Porque durante años hemos acercado contenido al usuario. Con AI quizás empecemos también a acercar procesamiento. No todo AI necesita estar en el edge: entrenar grandes modelos seguirá requiriendo enormes data centers centralizados. Pero algunas aplicaciones pueden beneficiarse de ejecutar inference más cerca del usuario por latencia, privacidad, soberanía de datos o simplemente eficiencia.
Y aquí los operadores tienen algo muy difícil de construir desde cero: ubicaciones distribuidas conectadas directamente a sus redes. Deutsche Telekom ya lanzó una infraestructura de AI soberana en Alemania con alrededor de 10.000 GPUs NVIDIA. SK Telecom convirtió AI Data Centers en una línea de negocio que generó aproximadamente US$350 millones en 2025. Telefónica ya tiene 17 nodos edge en España. Liberty Global está desarrollando infraestructura distribuida de data centers mediante AtlasEdge y explorando junto a Google Cloud cómo utilizar parte de esa capacidad.
Quizás una telco no necesita convertirse en AWS. Quizás puede venderle infraestructura a AWS.
Y ahí aparece Humboldt
Hace poco escribí sobre Humboldt, el cable submarino que conectará Chile directamente con Asia-Pacífico. Pero hay otra forma de mirar ese proyecto. El valor no necesariamente termina cuando se vende capacidad sobre el cable. Una nueva ruta internacional puede atraer data centers, interconexión, cloud, AI infrastructure y empresas que necesiten conectar Latinoamérica con Asia.
Eso crea una oportunidad alrededor de la infraestructura. Y también una advertencia. Google no solamente necesita las redes de las telcos. Está invirtiendo directamente en cables submarinos, cloud regions, data centers y AI infrastructure. Los hyperscalers pueden ser clientes, también partners y, cada vez más, competidores en algunas capas de infraestructura.
Incluso la televisión puede convertirse en otro negocio
Hay otra posibilidad que conozco de cerca por mi experiencia en video: publicidad. No hablo solamente del clásico anuncio de televisión. Las plataformas modernas permiten addressable advertising: diferentes hogares pueden recibir publicidad distinta incluso viendo el mismo contenido. VodafoneZiggo ya utiliza este modelo en Países Bajos.
Y para una telco con televisión lineal, replay, VOD, aplicaciones y millones de clientes, eso abre otra posibilidad de monetización. La red deja de generar ingresos solamente por transportar el contenido. También puede participar en el valor creado alrededor de la audiencia que lo consume, siempre dentro de los límites de privacidad y regulación.
Es otro ejemplo de la misma idea: mirar infraestructura que ya existe y preguntarse qué otra cosa puedo hacer con esto.
El riesgo es repetir la historia de Internet
Aquí veo el mayor peligro. Las telcos llevan años buscando eficiencia. Lo he visto directamente: equipos que se centralizan, se reducen, se externalizan y a veces después vuelven a internalizarse dependiendo de la estrategia. Hoy trabajo precisamente desde ese modelo, entregando servicios tecnológicos para grandes operadores.
AI probablemente acelerará todavía más esa búsqueda de eficiencia. Pero reducir costes no resuelve la pregunta del crecimiento. Y externalizar demasiado también tiene un riesgo. Si la telco compra el hardware a un vendor, utiliza el cloud de un hyperscaler, consume sus modelos de AI, externaliza la integración y deja que otra plataforma controle a los desarrolladores y las aplicaciones, ¿qué queda bajo su control? Principalmente la infraestructura.
La historia de Internet debería servir como advertencia. Las telcos construyeron redes extraordinarias. Sobre ellas crecieron Google, Netflix, Amazon, Meta y algunas de las compañías más valiosas del mundo. Los operadores construyeron una parte fundamental de la infraestructura. Otros capturaron buena parte del nuevo valor creado encima. Con AI, edge y cloud podría ocurrir nuevamente.
La oportunidad para Latinoamérica
Por eso creo que esta discusión es especialmente interesante para Chile y Latinoamérica. Tenemos operadores con redes nacionales, cables submarinos, data centers, espectro, millones de clientes y relaciones empresariales. Tenemos minería, energía, puertos, agricultura, banca y gobiernos con problemas donde conectividad, seguridad, edge y AI pueden tener aplicaciones bastante concretas. Y ahora tenemos hyperscalers aumentando su presencia física en la región.
No creo que el próximo negocio de las telcos sea una sola tecnología. No será simplemente slicing, ni edge, ni APIs, ni AI. Probablemente será una combinación de muchas cosas: servicios B2B, infraestructura para hyperscalers, data centers, AI compute, seguridad, identidad, APIs, private networks, advertising y capacidades de red que hoy todavía entregamos como parte invisible de una conexión.
Durante décadas, las telcos vendieron principalmente acceso a la red. Ahora tienen la oportunidad de vender también lo que esa red sabe, dónde está y lo que es capaz de hacer.
Porque después de décadas construyendo una de las infraestructuras tecnológicas más difíciles de replicar del mundo, la próxima batalla quizás no sea hacerla todavía más rápida. Será descubrir cuánto más valor puede generar antes de que otros lo hagan.
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✍️ Claudio from ViaMind
“Atrévete a imaginar, crear y transformar.”