Hubo un tiempo en que trabajar en telecomunicaciones significaba estar dentro de una industria que parecía crecer de forma natural.
Más clientes. Más cobertura. Más despliegues. Más inversión. Más proyectos.
Hoy la sensación es distinta.
Y no hablo solamente de Chile.
En conversaciones con personas de la industria, tanto en Latinoamérica como en Europa, se repiten temas similares: menos CAPEX, menos proyectos grandes, más presión operacional, restructuraciones, consolidaciones y equipos cada vez más pequeños.
Pero al mismo tiempo, las redes nunca habían sido tan importantes.
El tráfico sigue aumentando. Los clientes consumen más datos que nunca. El streaming sigue creciendo. La nube sigue creciendo. La inteligencia artificial empieza a empujar todavía más demanda sobre infraestructura, conectividad y datacenters. Los cambios siguen ocurriendo. Los incidentes siguen existiendo. Las redes siguen siendo críticas.
Entonces aparece una pregunta incómoda:
¿qué está pasando realmente con la industria telco?
No soy analista financiero ni economista. Pero llevo años trabajando cerca de operaciones, despliegues y proyectos complejos en telecomunicaciones, tanto en Latinoamérica como en Europa. Y desde esa experiencia, hay algo que cada vez se siente más evidente:
el trabajo no desapareció.
Lo que desapareció fue el margen.
Chile: más presión, menos espacio para equivocarse
En Chile, durante los últimos años, la industria ha pasado por una mezcla compleja de consolidaciones, restructuraciones y competencia extremadamente agresiva en precios.
La llegada de Millicom a Telefónica Chile vino acompañada de una reducción importante de dotación. Según reportes de prensa, Millicom informó una baja cercana al 35% de la dotación en Chile tras tomar control de la operación, equivalente a unas 1.130 personas, considerando la dotación reportada al cierre de 2025. (La Tercera)
Ese número no es menor.
Cuando más de mil personas salen de una operación telco, el impacto no queda solamente dentro de la empresa. También golpea al mercado completo.
Porque muchos de esos profesionales tienen experiencia en áreas similares: operaciones, redes, despliegues, field services, ingeniería, OSS, PMO, infraestructura, soporte, vendors.
Y todo eso ocurre en un contexto donde la sensación general es que hay menos inversión grande, menos proyectos nuevos y menos espacio para absorber todo ese talento.
Al mismo tiempo, ClaroVTR también ha vivido procesos de integración y reorganización luego de su fusión. No es un caso aislado. Es parte de una tendencia más amplia: consolidar, reducir duplicidades, simplificar estructuras y buscar eficiencia.
El problema es que las redes no se vuelven más simples porque haya menos personas.
Todo lo contrario.
Los clientes esperan más velocidad. Más estabilidad. Más cobertura. Más disponibilidad. Más capacidad. Menos fallas. Mejor experiencia.
Pero pagando menos.
Y probablemente ahí está uno de los grandes problemas estructurales de la industria.
El internet barato tiene un costo invisible
Hoy en Chile ya es posible encontrar planes de fibra hogar en rangos muy agresivos de precio, muchas veces cercanos a los $14.000 o $18.000 pesos mensuales, dependiendo de promociones, cobertura y operador.
Desde el punto de vista del consumidor, eso suena excelente.
Y en parte lo es.
Pero operacionalmente, la ecuación es muchísimo más compleja.
Porque detrás de ese cliente todavía existen técnicos en terreno, soporte, routers, ONTs, backbone, energía, monitoreo, mantenimiento, cuadrillas, plataformas, licencias, call centers, datacenters y operación 24/7.
Y basta un reclamo técnico con visita a domicilio para destruir completamente el margen de varios meses de ese servicio.
La paradoja es brutal:
las redes son cada vez más importantes para la vida diaria, pero el servicio base de conectividad parece valer cada vez menos.
Y el cliente tampoco ve toda la complejidad detrás de esa operación.
Para el usuario final, el valor emocional muchas veces ya no está en “tener internet”.
Está en Netflix. En YouTube. En TikTok. En Spotify. En gaming. En cloud. En IA.
La red se volvió invisible.
Hasta que falla.
Las telcos construyen la infraestructura, pero otros capturan gran parte del valor
Ese contraste probablemente es una de las cosas más interesantes de observar en la industria actual.
Las telcos siguen invirtiendo miles de millones en fibra, redes móviles, backbone, datacenters, energía, operación crítica e infraestructura regional.
Pero gran parte del valor económico digital parece estar siendo capturado por plataformas que funcionan sobre esas mismas redes.
Netflix, por ejemplo, reportó ingresos anuales cercanos a USD 45 mil millones en 2025, con un crecimiento relevante respecto al año anterior. (Q4 Capital)
Y no es una crítica hacia Netflix.
Es simplemente una señal de cómo cambió el mercado.
Durante años, las telcos fueron el centro de la economía digital. Hoy muchas veces funcionan como la infraestructura silenciosa que sostiene plataformas mucho más visibles, más globales y, en muchos casos, más rentables.
Eso cambia completamente la presión sobre el negocio.
Porque las redes siguen siendo caras de construir y operar.
Muy caras.
Pero el mercado sigue empujando los precios hacia abajo.
El impacto humano que casi nadie comenta
Cuando una gran telco reduce cientos o miles de posiciones, el problema no termina en esa empresa.
También se satura el mercado laboral telco.
De pronto, muchos profesionales con experiencia parecida salen a buscar oportunidades al mismo tiempo.
PMs. Ingenieros. Especialistas de red. Personas de operaciones. Equipos de field. Perfiles de soporte. Vendors. Coordinadores técnicos. Líderes de despliegue.
Y si al mismo tiempo hay menos CAPEX, menos proyectos y menos contratación, el resultado es evidente:
mucho talento disponible, pero menos espacio para absorberlo.
Eso genera más competencia por roles, más incertidumbre, más outsourcing, más contratos temporales y más presión sobre los equipos que se quedan.
Porque el trabajo sigue existiendo.
Las redes no se detienen porque haya menos personas. Los incidentes siguen ocurriendo. Las ventanas de cambio siguen programándose. Los despliegues siguen avanzando. Los clientes siguen reclamando cuando algo falla.
La diferencia es que ahora menos personas tienen que sostener operaciones igual o incluso más complejas que antes.
Europa: la misma presión, otra escala
Lo interesante es que esta presión no se siente solamente en Chile o Latinoamérica.
En Europa también vi dinámicas muy parecidas.
La diferencia es la escala.
Acá el cliente puede pagar más que en Chile, pero los costos también son mucho más altos: salarios, proveedores, energía, operación, regulación, datacenters, soporte y niveles de servicio.
Y además los SLA suelen ser brutales.
La expectativa operacional es altísima. Menos tolerancia al error. Más procesos. Más reportabilidad. Más exigencia sobre disponibilidad, continuidad y tiempos de respuesta.
En ese contexto, también aparecen restructuraciones, reducción de equipos y modelos operacionales más eficientes.
Lo vi de cerca en entornos relacionados con Liberty Global, VodafoneZiggo e Infosys. No como un fenómeno aislado, sino como parte de una presión más amplia: sostener infraestructuras críticas con menos margen, menos holgura y más exigencia.
VodafoneZiggo, por ejemplo, anunció en 2025 una reducción de 400 puestos tras perder más de 40.000 clientes en el primer trimestre de ese año. (Broadband TV News)
Liberty Global también ha seguido moviéndose hacia una estructura más enfocada y con posibles spin-offs de subsidiarias, como parte de una reorganización más amplia del grupo. (DatacenterDynamics)
Es básicamente la misma historia que se ve en América Latina, pero con otros números.
En Chile el problema se siente en el precio agresivo, la guerra comercial y el bajo margen por cliente.
En Europa se siente en el costo de operar, la regulación, la madurez del mercado, la presión por eficiencia y los SLA.
Pero la pregunta de fondo es la misma:
¿cómo sostienes una infraestructura cada vez más crítica cuando el modelo económico aprieta por todos lados?
¿Y cuál podría ser la salida?
No tengo una respuesta cerrada.
Y probablemente nadie la tiene completamente.
La industria está en evolución.
Pero sí creo que las telcos no pueden quedarse solamente en vender conectividad cada vez más barata.
Porque si el negocio se reduce a competir por precio, el margen seguirá cayendo.
Y si el margen sigue cayendo, la presión sobre equipos, operación e inversión va a seguir aumentando.
Una posible salida está en volver a capturar más valor dentro de la infraestructura digital.
No solo transportar tráfico.
También ofrecer capacidades más cercanas al cliente final: edge computing, datacenters regionales, servicios de cómputo, conectividad crítica, baja latencia, seguridad, integración con cloud, servicios empresariales e infraestructura preparada para inteligencia artificial.
Porque a este ritmo, no parece razonable pensar que toda la demanda futura de IA, datos y procesamiento pueda concentrarse en unos pocos puntos centrales.
La IA probablemente va a vivir en muchos lugares al mismo tiempo.
En grandes datacenters. En nubes públicas. En infraestructura privada. En el edge. Cerca de empresas. Cerca de usuarios. Cerca de dispositivos. Cerca de donde se generan los datos.
Y ahí las telcos podrían tener una oportunidad.
Tienen red. Tienen capilaridad. Tienen ubicaciones. Tienen infraestructura. Tienen operación crítica. Tienen cercanía física al usuario final.
Pero para capturar esa oportunidad necesitan moverse más allá del rol tradicional de proveedor de conectividad.
No es fácil.
Requiere inversión, foco estratégico, alianzas, talento técnico, automatización real y una visión más ambiciosa que simplemente vender más megas por menos precio.
Pero quizás por ahí empieza una parte de la respuesta.
Una industria esencial, pero bajo presión
No creo que las telecomunicaciones estén desapareciendo: la IA, el cloud, el streaming y buena parte de la economía moderna apoyan cada vez más en redes más rápidas y resilientes. El contrapunto es la presión financiera y operacional sobre quienes las construyen y operan. Si el límite ya no es solo tecnológico sino económico, la pregunta que queda es si las telcos lograrán reinventar su rol a tiempo o terminarán atrapadas en una industria cada vez más crítica, pero cada vez menos rentable.
Claudio from ViaMind
Atrévete a imaginar, crear y transformar.
— Claudio
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